Administración en Enfermería
La enseñanza de la Administración en Enfermería se
ha dado conjuntamente con el desarrollo de la profesión de enfermería y de la
administración hospitalaria y comunitaria.
Para que la enfermera administradora pueda cumplir
en cualquier campo con mayor eficiencia y propiedad sus responsabilidades de
dirigente de la atención de enfermería y de gerente del servicio (Bárbara
Stevens), necesita conocimientos actualizados y profundos sobre la enfermería y
la administración, y concientizarse que la administración en enfermería es la
síntesis de estas dos disciplinas. Por ello es necesario complementar la
formación de la enfermera profesional en el campo de la administración,
surgiendo así la importancia de esta asignatura como parte del currículo de la
Carrera de Licenciatura en Enfermería.
Administración en Enfermería es una de las siete
materias profesionales del segundo ciclo de la Carrera, estipulándose una
duración de 370 horas curriculares que se desarrollan en el segundo
cuatrimestre del quinto año.
Se ha seleccionado como base para la organización
de esta materia, el perfil y las competencias del egresado propuestos en el
currículo de la Escuela de Enfermería, pero considerando además las Políticas
de Enfermería que en materia de educación y desarrollo de los Servicios de
Enfermería, han sido formuladas para el decenio 2000-2009.
El fin principal que persigue es formar al
licenciado en enfermería como dirigente de la atención disciplinaria y gerente
del servicio. Es por ello que el proceso de enseñanza y aprendizaje se
desarrolla contextualizado en los Servicios de Enfermería y considerando al
alumno como un sujeto activo que se constituye en el centro de dichos procesos.
Está previsto que docentes y alumnos establezcan un
trabajo conjunto a través de los encuentros presenciales, los contactos
virtuales y diferentes espacios de socialización.
La materia se estructura en seis unidades de
enseñanza y aprendizaje, iniciándose con un abordaje general de la
Administración centrada en los Servicios de Enfermería, luego transcurre por
cada una de las funciones del proceso administrativo procurando instrumentar al
alumno para el diagnóstico y la organización de recursos, la estructuración de
los Servicios de Enfermería; la conducción y coordinación de los equipos de
trabajo y la evaluación en enfermería.
EL FUNDAMENTO PEDAGÓGICO
Desde un enfoque crítico decimos que el estudiante
aprende en interacción con el medio ambiente, guiándose en un proceso de
descubrimiento.
Se acuerda con estos fundamentos dado que
Administración en Enfermería es una materia inserta en el último año de la
Carrera donde el alumno - que ha completado el primer ciclo de la Licenciatura
y tiene un título que lo habilita para trabajar- ya ejerce la profesión y está
en las mejores condiciones de indagar la realidad en situaciones problemáticas
que le son comunes. Puede cuestionar, investigar y reflexionar acerca de su
práctica diaria y avanzar en procesos que le permitan estructurar nuevos
conocimientos y generar alternativas de solución a las problemáticas planteadas
en ámbitos propios de las Unidades de Enfermería y en base a las demandas
sociales que desde allí se generan.
Este proceso de aprendizaje supone una
transformación del sujeto, el objeto y su realidad.
EL FUNDAMENTO ADMINISTRATIVO
Con la organización de las Instituciones Sanitarias
Modernas se produjeron cambios que determinaron la reorganización de los
Servicios de Enfermería. Cada pensamiento administrativo, a lo largo de la
historia, ha generado su impacto en la administración de estos Servicios. Al
igual que se han señalado aspectos de las teorías administrativas aplicados en
el ejercicio de la profesión, es posible señalar que los cambios sociales y
tecnológicos determinan cambios en las organizaciones y en su administración.
Dentro de la actual burocracia es necesario adaptar
la estructura del Servicio de Enfermería a las circunstancias cambiantes del
entorno turbulento. Es por ello que se acuerda con la teoría más actual,
llamada de las Contingencias, la cual argumenta que la eficacia no se alcanza
con una sola teoría administrativa, por el contrario es de acuerdo con el
diagnóstico situacional de las condiciones externas e internas como puede
determinarse la mejor forma de administrar.
Con esta base conceptual y pedagógica se aborda el
proceso enseñanza – aprendizaje de la materia.
Gestión y
estrategia / No.13 / Enero-Julio, 1998 /
UAM - A
DEL
ORIGEN Y LA EVOLUCIÓN DE LA TEORÍA DE LA ADMINISTRACIÓN:
HACIA EL DESARROLLO DE NUEVOS MODELOS ORGANIZACIONALES
HACIA EL DESARROLLO DE NUEVOS MODELOS ORGANIZACIONALES
Origen y naturaleza del objeto de estudio de la
administración
Transformación del objeto: la administración como actividad social
Cambios en la base técnica de la producción; hacia la administración como actividad humana
Conclusiones
Notas
Fuentes Bibliográfícas
Transformación del objeto: la administración como actividad social
Cambios en la base técnica de la producción; hacia la administración como actividad humana
Conclusiones
Notas
Fuentes Bibliográfícas
En estos tiempos, el tema de la administración ha
adquirido una creciente y especial importancia entre los distintos sectores de
la sociedad: empresarios, trabajadores, profesionistas y educadores. Es
frecuente, y más aún en periodos de crisis y disminución de los recursos
disponibles, que se escuchen en seminarios y conferencias diferentes
planteamientos en torno a la necesidad que tienen empresarios y administradores
de mejorar la calidad de los productos, así como de generar la eficiencia de
las empresas que les permita ser más competitivas en los mercados globales; a
los trabajadores, sus demandas de educación y actualización de conocimientos,
que les ayude a no caer en “obsolescencia de habilidades”; a los
profesionistas, sus deseos de elevar su nivel de calificación; y a las
instituciones educativas su preocupación por preparar profesionales altamente
competitivos que puedan responder y, sobre todo, anticipar los cambios en
tecnología, producción y trabajo. Por consiguiente, la administración se ha
convertido en una herramienta esencial para la competitividad no sólo de las
empresas y gobierno, sino de manera especial para las instituciones educativas
y los futuros profesionales de la administración.
Sin embargo, la creciente importancia social de la
administración contrasta con los escasos intentos –al menos en nuestro país–
por renovar la teoría administrativa, que por muchas décadas ha prevalecido en
el mundo de los negocios y, en general, de las organizaciones. En este sentido,
el objetivo de las reflexiones que se presentan en este trabajo es sugerir
algunas líneas de análisis tendientes a contribuir al planteamiento y
desarrollo de nuevas hipótesis que nos permitan lograr una mejor comprensión
del origen, evolución y alcance del pensamiento administrativo, además de
precisar algunas diferencias que se han presentado en los distintos enfoques de
estudio de la administración por efectos del cambio tecnológico y las nuevas
formas de producción y administración que se aplican en las organizaciones de
la década de los noventa.
El primer punto que debe analizarse es la
naturaleza del objeto de estudio de la administración, aparentemente muy
discutida, pero que ahora, ante la necesidad del cambio, requiere la revisión
de los supuestos básicos sobre los que se ha construido el pensamiento
administrativo, no sólo para identificar con mayor claridad los elementos que
la distinguen como un campo específico del conocimiento sino para que nos
permita entenderla como una actividad humana .1
El origen y desarrollo del pensamiento administrativo
es reciente, puesto que se reconoce que surge con la revolución industrial de
finales del siglo XVIII y que se extiende prácticamente a lo largo del siglo
XIX. No obstante, la primera reflexión sistemática sobre el contenido de la
administración se hace hasta finales de ese siglo y principios del siguiente,
con la obra de Frederick W. Taylor, considerado, junto con Henri Fayol,
fundador de esta disciplina. Si la comparamos con otras ciencias sociales como
la historia, el derecho, la política y la economía, entre muchas más, la
administración, como un campo específico del conocimiento, no cuenta con la
tradición y riqueza conceptual y metodológica de estas ciencias, aunque no por
ello deja de ser una disciplina con gran diversidad de teorías y corrientes de
pensamiento.
Para dilucidar la naturaleza del objeto de estudio
de la administración proponemos partir del análisis de la siguiente premisa:
con la revolución industrial surge la administración como una actividad
socialmente útil y necesaria. Una de las consecuencias más importantes de la
revolución industrial fue el sistema fabril de producción, que implicó reunir
en un solo espacio herramientas y equipos de trabajo, materias primas y
personas –artesanos que dominaban las artes de un oficio, convertidos en
operarios contratados para prestar sus servicios dentro de una fábrica–, con lo
que se dio origen a las primeras prácticas de la administración referidas a la
supervisión, control y vigilancia del proceso de producción y trabajo. De este
modo surge la administración como una actividad social, necesaria para conducir
y encausar el trabajo cooperativo de las personas hacia el cumplimiento de
objetivos y metas de producción.
Sin embargo, para definir a la administración como
una actividad humana, tendríamos que remontarnos más atrás en la historia, y
encontrar su origen desde el momento en que el ser humano se da cuenta que
tiene que unir sus esfuerzos y cooperar con otras personas para alcanzar
objetivos que de manera individual no podría lograr; logros que permitieron al
ser humano obtener los satisfactores que requería para sobrevivir y
reproducirse en lo individual y social.
Por tanto, existe una diferencia fundamental en los
tiempos en que surge la administración como actividad social y como actividad
humana; mientras que la primera se vincula orgánicamente con el desarrollo del
sistema fabril de producción, esto es, con determinadas condiciones económicas
y sociales, la segunda es una función natural e inherente a la vida del hombre.
Mientras que el carácter social de la
administración se explica por el conjunto de condiciones económicas,
tecnológicas, sociales y culturales que convergen en un momento histórico
determinado que condiciona las distintas formas en que se organiza la sociedad
para producir los bienes y servicios que requiere para la subsistencia y el
desarrollo, la dimensión humana de la administración constituye una actividad
natural que surge de la necesidad de todo individuo para relacionarse con otras
personas con el propósito de cooperar en la consecución de objetivos comunes.
Con la sustitución de pequeños talleres por grandes fábricas, el trabajo
cooperativo de las personas se realiza en espacios organizacionales acotados
(empresas y centros de trabajo en general), cuyos objetivos y contenido de trabajo
se defininen por una instancia externa al individuo y le son transmitidos,
comunicados, a fin de que oriente su actividad dentro de los límites fijados
por éstos; en tanto que la dimensión humana de la administración se deriva de
la naturaleza del individuo para relacionarse con otras personas y unir sus
esfuerzos para alcanzar metas que definen comúnmente, sin más limitación que su
propia capacidad y conocimiento del trabajo.
Esta distinción entre el carácter social y la
dimensión humana de la administración nos conduce a una segunda premisa: hasta
hoy, el origen y evolución del pensamiento administrativo (teoría, método y
técnica) se han construido, en buena medida, en torno de la dimensión social de
la administración; es decir, considerándola como actividad diferenciada y
socialmente útil para organizar y dirigir el trabajo cooperativo de las
personas hacia la consecución de objetivos y metas organizacionales. Por
consiguiente, la teoría administrativa se ha referido, ante todo, al estudio
del trabajo de las personas en ámbitos definidos por las organizaciones.
Veamos: entre los cambios más significativos de la
revolución industrial está el surgimiento de nuevas formas de organización de
la actividad productiva, es decir, la forma en que el hombre obtiene los bienes
y servicios que requiere para la conservación y desarrollo de la vida. La
ciencia y la tecnología jugaron un papel decisivo, ya que su aplicación a la
actividad industrial abrió las puertas a la producción de grandes volúmenes de
mercancías, lo que permitió cambiar su orientación del autoconsumo hacia el
mercado. Con ello, también se modificó la forma en que se organizaba el trabajo
en la sociedad. Surgen las fábricas como los espacios en donde tiene lugar el
trabajo
cooperativo de las personas, así como la especialización del operario en tareas sencillas y rutinarias.
cooperativo de las personas, así como la especialización del operario en tareas sencillas y rutinarias.
Aparece la administración como una actividad
diferenciada, encargada de supervisar y controlar el proceso de producción y
trabajo. Que los operarios cumplieran con las tareas para las cuales habían
sido contratados y que se hiciera uso adecuado de los materiales y equipos,
constituía la función principal de la administración.
En las primeras fábricas los administradores eran
totalmente empíricos; no se contaba con la sistematización de los conocimientos
que apoyaran la práctica. Evidentemente, se gestó una gran transformación de la
industria; los mercados se desarrollaron al mismo tiempo que lo hicieron las
vías de comunicación y transporte; surgieron nuevos materiales y se
perfeccionaron las herramientas que hicieron la producción rápida. Se empiezan
a organizar los sindicatos como medios para la defensa de las condiciones
laborales de los trabajadores; se crea el derecho corporativo, entre muchas
otras transformaciones que caracterizaron ese periodo de la historia.2
A principio de neustro siglo, Frederick W. Taylor
hace la primera sistematización de los elementos que integran el contenido de
la administración, proponiendo la sustitución del empirismo y la improvisación
en la administración, por un enfoque científico que asegurara mayor
productividad del operario en la fábrica. Para este propósito, propuso
seleccionar y entrenar adecuadamente a los operarios, ubicándolos según sus
cualidades físicas, en aquellas actividades en las que aseguraran mejores
resultados; a través del estudio de tiempos y movimientos en el trabajo,
estableció estándares de producción que debían ser alcanzados por los
operarios. Asimismo, modificó los sistemas de remuneración para que los
salarios se otorgaran según el rendimiento individual. Sostenía que a mayor
productividad, entendida como el incremento en el número de unidades producidas
por el operario, se generarían los recursos que no sólo iban a aumentar las
ganancias de la empresa, sino que también permitirían lograr mayores beneficios
para los trabajadores, a través de mejorar las remuneraciones que percibían. En
este sentido, consideró que los operarios debían cooperar con la
administración, ya que si había identidad de intereses y ambiente de
colaboración, ambas partes se beneficiarían.
Prácticamente hasta la década de los cuarenta, la
preocupación central de la administración era cómo lograr que el trabajador
fuera más productivo. Para ello se debían seguir procedimientos y secuencias de
trabajo previamente definidas, así como mantener un comportamiento acorde con
las normas y conductas reconocidas por la empresa, invariablemente establecidas
por escrito (enfoque taylorista de la administración y modelo burocrático de
organización)3.
La corriente de las relaciones humanas, que se
derivó, entre otros factores como el desarrollo de la psicología y la
sociología, de las investigaciones de Elton Mayo, quien incorporó a la teoría
de la administración temas como la motivación, grupos informales, comunicación,
sentido de participación y, sobre todo, un clima de trabajo más humano respecto
a la propuesta de la administración de Taylor. Con ello se sustituyó la tesis
taylorista de que la productividad dependía exclusivamente del esfuerzo físico
del operario, debido al planteamiento de que el trabajador no actuaba solo,
sino que su comportamiento y nivel de productividad en la fábrica eran
condicionados por su integración social y por su pertenencia a los grupos de
trabajo. Sin embargo, la administración continuaba poniendo el énfasis en el
operario, en la forma en que éste podía lograr un mayor rendimiento en el
trabajo.
A partir de la década de los cuarenta, las
organizaciones, y principalmente las empresas que se establecieron a principios
de siglo, empezaron su etapa de consolidación, aumentando su tamaño y
complejidad, por lo que los administradores se enfrentaron a nuevas
problemáticas vinculadas con la naturaleza de la organización, sus objetivos,
estrategias y tácticas de crecimiento, la evaluación del desempeño y la
medición de resultados no sólo económicos, sino de expansión y diversificación
de productos y mercados, así como a la aplicación de técnicas cuantitativas
para crear una base racional a la toma de decisiones4.
De este modo, el objeto de la administración se
traslada progresivamente hacia el estudio de la organización en su conjunto.
Esto no implicaba que ya se hubieran resuelto todos los problemas relacionados
con el trabajo del operario, sino que la creciente complejidad de las
organizaciones planteó situaciones que demandaron modelos mucho más amplios de
administración, que permitieran el análisis y la atención de los nuevos
problemas, tales como el reconocimiento del conflicto organizacional, la
vinculación con el entorno, y la influencia de la variable tecnológica y
ambiental en su estructura y procesos administrativos. La organización,
entendida como una unidad social que busca alcanzar objetivos previamente definidos,
se convierte en el objeto de estudio de la administración. Dentro de esta
perspectiva se ubican corrientes de pensamiento como el estructuralismo, la
administración por objetivos, la planeación estratégica, los sistemas y el
enfoque de contingencia.
No obstante lo trascendental del cambio de enfoque
hacia el objeto de estudio: del trabajo y rendimiento del operario hacia la
organización como entidad social integrada por diferentes componentes que
interactúan de manera dinámica y flexible entre sí y con el medio ambiente que
le rodea para alcanzar objetivos determinados, prevalece en las diferentes
corrientes del pensamiento administrativo la tesis de la administración como
una actividad socialmente útil para coordinar y encausar el trabajo cooperativo
de las personas hacia la consecución de objetivos definidos en el ámbito
organizacional.
Hasta finales de la década de los cincuenta, la
evolución del pensamiento administrativo se había construido en torno al concepto
de administración como actividad social debido, especialmente, a las
características relativamente estáticas de la tecnología que se utilizaba en
los procesos de producción y a la ausencia de estrategias definidas de mercado.
El modelo de producción “masiva”, con escasos cambios en su base tecnológica,
se orientó principalmente a lograr economías de escala: entre mayor fuera la
cantidad de productos, mayores serían los beneficios económicos para la
empresa. El producto era uniforme en sus características y el mercado se
encontraba asegurado para cualquier volumen de producción. Al comienzo de la
década de los sesenta, se origina un proceso de transformación tecnológica de
alcance mundial que, gradualmente, lleva a las empresas a cambiar la base técnica
de producción y a remplazar, en consecuencia, el modelo taylorista de
organización por otro sistema, flexible y capaz de adaptarse a las nuevas
condiciones tecnológicas y de mercado. Paulatinamente se va de una economía
dominada por la oferta, a un sistema que se centra en la demanda, en odnde el
cliente se convierte en el punto de atención, y los continuos cambios en sus
preferencias reducen los ciclos de vida de los productos, por lo que se
requiere de cambios e innovación constante, para atender con oportunidad las
necesidades y también para anticiparlas y, en algunos casos, para crearlas.
Si la teoría administrativa de la primera mitad de
este siglo (enfoque clásico, teoría del proceso administrativo y relaciones
humanas) concibió a la organización como un sistema cerrado, el cambio en la
base técnica de la producción condujo al desarrollo del concepto de
organización abierta, esto es, un sistema en continuo intercambio de energía,
información y recursos con el ambiente que le rodea. La nueva tecnología, junto
con la globalización de la economía, requirió no sólo de la introducción de
nuevos sistemas de organización de la producción y el trabajo, sino también de
nuevos enfoques para la administración y el mercadeo.
Entre las nuevas tendencias que caracterizan a la
teoría de la administración en la década de los noventa, se encuentran la
calidad total y los programas de mejoramiento continuo; los sistemas de
producción y entregas “justo a tiempo”, asociados con esquemas de “cero
inventarios”; la reingeniería de procesos; las alianzas estratégicas entre
empresas de distintos tamaños y giros de actividad; el benchmarking o
adopción de las mejores prácticas de administración, producción y
comercialización de empresas líderes u organizaciones de alto desempeño; el outsourcing
o subcontratación de servicios y, la organización inteligente, o sea, la
organización que innova y aprende continuamente para adaptarse a contingencia5.
Quizá para no pocos estudiosos de la administración
más que tendencias, las anteriores sólo constituyen “modas pasajeras”, pero son
los enfoques que dominan actualmente el pensamiento y la práctica
administrativa. En muchos países han empezado a surgir corrientes que, con base
en el análisis de estos cambios, proponen el desarrollo de una administración
renovada, que permita identificar los temas que es necesario revisar de las
teorías y prácticas tradicionales, así como sistematizar los principales aprendizajes
de los actuales modelos organizacionales y construir una nueva síntesis que
incluya como objeto de estudio de la administración tanto a la organización en
sus procesos, estructura y funcionamiento, como al análisis y desarrollo del
trabajo cooperativo de las personas dentro de una perspectiva que realce la
dimensión humana de la administración6.
Con el advenimiento de la nueva tecnología y los
nuevos enfoques de la administración los contenidos del trabajo y el perfil de
calificaciones, tanto de operarios como de empleados, se modifican
sustancialmente. La figura del puesto de trabajo con tareas fijas, repetitivas
y secuenciales, se sustituye paulatinamente por la noción de función
productiva, que demanda trabajadores polifuncionales y multicalificados para
desempeñarse en diferentes etapas del proceso de trabajo. Debe poseer capacidad
de razonamiento, de expresión e interpretación de códigos y manuales técnicos,
además de conocimiento de lenguajes tecnológicos y habilidad para trabajar en
equipo y resolver problemas. En suma, lo que se requiere actualmente del
trabajador es su aporte intelectual al proceso de producción.
Frente a la especialización del operario en las
tareas repetitivas y rutinarias de la práctica administrativa tradicional, los
nuevos modelos de gestión privilegian la vinculación entre planeación y
ejecución del trabajo; hoy en día se requiere que los trabajadores conozcan y
dominen distintas fases del proceso de producción, que resuelvan problemas de
calidad y seguridad e higiene, y que participen en la toma de decisiones. Antes
recibían una capacitación específica y no existía el interés por desarrollar
nuevos conocimientos y habilidades; hoy se requiere de la educación continua y
el desarrollo profesional. Frente a la rutina se anteponen la creatividad y el
trabajo en equipo.
Además de la reorganización de los procesos de
trabajo y producción, las organizaciones también revisan y ajustan su tamaño y
estructura administrativa; reducen o eliminan niveles jerárquicos; también
subcontratan algunas de sus funciones para aumentar su flexibilidad y capacidad
de adaptación a las nuevas condiciones de la tecnología y los mercados.
Por consiguiente, el cambio en la base técnica conlleva un nuevo paradigma de administración, que exige, tanto a organizaciones como a personas, flexibilidad, capacidad de adaptación y aprendizaje continuo. Estos elementos se organizan en torno al reconocimiento del valor del capital intelectual con que cuentan las organizaciones; por tanto, se está desarrollando un nuevo modelo de administración que pone el énfasis en la gente, en sus necesidades y su desarrollo.
Por consiguiente, el cambio en la base técnica conlleva un nuevo paradigma de administración, que exige, tanto a organizaciones como a personas, flexibilidad, capacidad de adaptación y aprendizaje continuo. Estos elementos se organizan en torno al reconocimiento del valor del capital intelectual con que cuentan las organizaciones; por tanto, se está desarrollando un nuevo modelo de administración que pone el énfasis en la gente, en sus necesidades y su desarrollo.
En síntesis, el nuevo paradigma administrativo que
se empieza a dibujar a finales de la década de los noventa favorece el
surgimiento de una visión más humana de la administración, pues pone el acento
en las personas, en la creciente participación de los trabajadores en la
gestión de las organizaciones y en el desarrollo de su capital intelectual.
La fuerza de trabajo de la
empresa del tercer milenio será muy valiosa, debido a sus conocimientos. Una
formación de calidad siempre es un activo ya que mantiene la fuerza de trabajo
y su Know how. Es evidente que, en muchas empresas, el valor no reside en los
activos materiales, sino en los inmateriales7.
Así,
junto a la dimensión social de la administración, empieza a generarse un
movimiento que tiende a reconocer no sólo el surgimiento de nuevos modelos
organizacionales, sino, especialmente, la transformación de las formas en que
la gente trabaja y produce, las cuales, al estar centradas en el desarrollo de
las personas, presentan nuevas posibilidades para integrar una visión más
humana de la administración.
1 Para los estudiosos de esta disciplina es bien conocida la tradicional controversia sobre la inconveniencia de discurrir sobre dicha naturaleza al carecer de sentido y relevancia para el tema; muchos autores han resuelto el aparente dilema al señalar que en la administración concurren tres elementos: ciencia, técnica y arte, por tales razones, este trabajo no aborda esta discusión.
2 Para más información al respecto véase: W. J. Duncan (1991), Grandes ideas en la dirección de empresas, Madrid, Ediciones Díaz de Santos.
3 Para una descripción detallada de las diferentes corrientes del pensamiento administrativo véase: Idalberto Chiavenato (1994), Introducción a la teoría general de la administración, México, McGrow-Hill.
4 Un análisis de la teoría de la organización se puede encontrar en: Richard Hall (1993), Organizaciones: estructura y proceso, México, Prentice Hall.
5 Para mayor información de las tendencias de los efectos de la tecnología en los sistemas de producción y administración véase: Ugo Fea (1995), Hacia un nuevo concepto de empresa occidental, México, Alfaomega.
6 Véase: Omar Akouft (1998), La administración: entre tradición y renovación, Colombia, Artes Gráficas Univalle.
7 Para un acercamiento al tema, véase: Annie Brooking (1997), El capital intelectual: el principal activo de las empresas del tercer milenio, Barcelona, Paidós Ibérica.